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Samsara - Ciclo de Nacimiento, Vida, Muerte, Encarnación y Renacimiento

Samsara es el Ciclo de Nacimiento, Vida, Muerte, Encarnación y Renacimiento, en la mayoría de las tradiciones filosóficas de la India incluyendo Hinduismo, Budismo, Jainismo, bön, sijismo y también en otras como el Gnosticismo, los Rosacruces y otras religiones filosóficas antiguas del mundo.

Saṃsāra en sánscrito: संसार Saṃsāra deriva del sánscrito saṃsārí, que significa 'fluir junto', 'pasar a través de diferentes estados', 'vagabundear'. "Samsara" es la raíz de la palabra Malay "sengsara" que significa sufrimiento. La persona sujeta al saṃsāra se llama saṃsāri.

Se asume como un hecho irrefutable de la naturaleza. Estas tradiciones difieren en la terminología con la que describen al proceso y cómo es interpretado.

La mayoría de estas religiones, consideran al Samsara negativamente, como un estado de sufrimiento del que hay que escapar. Algunos como los advaitas, consideran que el mundo y la participación en el Samsara es fundamentalmente maya (ilusión).

Según estas religiones en el transcurso de cada vida, el Dharma (acciones hechas para bien) y el Karma (consecuencia de lo realizado/decidido) determinan el destino futuro de cada ser en "el proceso del llegar a ser", evolución o involución. Este proceso cíclico termina con el logro del moksha o unión con Dios.

Los orígenes históricos del concepto del ciclo de repetición, reencarnación, no están claros, pero la idea aparece frecuentemente en textos religiosos y filosóficos de la antigua Grecia e India durante la primera mitad del primer milenio A.C. Orfismo, Platonismo, Jainismo y Budismo discuten sobre la transmigración de los seres de una vida a otra.

¿De dónde viene nuestra conciencia antes de nacer en este mundo físico? ¿Qué sucede al fallecer el ser humano? ¿A dónde vamos tras la muerte? Éstas son las grandes preguntas de cualquier hombre filosófico. A lo largo de la historia de la civilización los sabios de renombre de todas las épocas se han planteado estas preguntas tan esenciales, y las grandes tradiciones espirituales, religiosas, filosóficas y esotéricas han buscado ofrecer respuestas detalladas al respecto.

En el Poema de Atrahasis, el relato sumero-acadio de la creación del hombre y del diluvio cuyos manuscritos más tempranos tienen una antigüedad de casi cuatro milenios, se relata que el hombre, la creación de Enki, fue formado en la arcilla del Abzu, mezclado con la sangre de un dios y otorgado un alma divina que, según Enki, lo presentaría siempre vivo aún después de su muerte (Atrahasis 1:221-230).

El concepto enkista del alma, el de la inmortalidad espiritual del hombre, es uno de libertad y de evolución individual que va muy vinculado con el objetivo de la vida desde la perspectiva del Enkismo. El hombre es libre para volver a encarnar en el mundo físico, gozar de la vida terrenal una vez más, continuar con el desarrollo de su alma y acercarse cada vez más al Opus Magnum: el alcance de la divinidad en nuestra trayectoria evolutiva natural. El alma sólo puede crecer cuando está encarnada en un cuerpo físico, pues el mundo material es el mundo de la acción.

En India el concepto parece haberse originado en la religión védica por la heterogenia cultura shramanica. El Budismo y el Jainismo son la continuación de esta tradición. También el movimiento temprano de los Upanishad fue influenciado por él. La reencarnación fue adoptada por el brahmanismo védico ortodoxo. Los branmanes escribieron por primera vez estas ideas en los primeros Upanishad.

Samsara en el Hinduismo

En el Hinduismo Samsara es visto como mera ignorancia de la verdadera naturaleza del ser: no hay diferencia entre el alma (el yo) y Brahman (lo divino). Debido a avidya ('ignorancia', lo contrario de vidya) el alma cree en la realidad del mundo temporal y fenoménico, lo que lleva a la confusión de creer que el cuerpo es el yo. Ese estado de ilusión es conocido como māyā.

Según el hinduismo personalista el Samsara es generado por el deseo del alma de disfrutar aparte de la Divinidad y sus allegados.

En la religión hindú, se enseña que el Atman o el Alma del hombre es eterno y vuelve a encarnarse en otro cuerpo después de la muerte. Las religiones orientales como el Hinduismo se caracterizan por la doctrina de Saṃsāra, el ciclo continuo de nacimiento, vida, muerte y encarnación, según la cual el alma vagabundea en este mundo y atraviesa por varios estados de existencia hasta encontrar el Moksha o la liberación del ciclo.

Los registros escritos más antiguos de la doctrina de la reencarnación en la tradición religiosa índica se encuentran en el Rig Veda (Krishnan, 1997iv), un cuerpo literario compuesto alrededor de 1500 AEC, aunque el concepto puede haber tenido su origen en épocas pre-védicas (Laumakis, 2008v; Kaipayil, 2009vi). Es importante notar que el concepto de la reencarnación ha sufrido grandes cambios a lo largo de la historia de la religión índica.

Por ejemplo, bajo la visión védica antigua la transmigración de almas solía considerarse nada más que el ciclo de la naturaleza y el alma se movía por su poder inherente mientras bajo la visión upanishádica posterior se enseñaba que el alma estaba atrapada en el ciclo poco deseable de Saṃsāra y reencarnaba en el mundo debido a la acumulación de su Karma (Krishnan, 1997vii; Laumakis, 2008viii).

Liberación del Saṃsāra

El hinduismo tiene varios términos para referirse al estado de liberación de la materia, como mokṣa, mukti, nirvana, samādhi o mahasamadhi.

Las tradiciones de yoga sostienen creencias diferentes. Mokṣa o liberación se puede alcanzar mediante:

  • El karma ioga o el sendero de la acción altruista, que subvierte el ego y obliga a la comprensión de la unidad de todo.
  • El gñāna ioga (o yoga del conocimiento) mediante la discriminación entre lo que es real y lo que es maia, por medio de una intensa contemplación y del estudio de las Escrituras védicas.
  • El rāja yoga (meditación) parte del cual implica la práctica del hatha yoga.
  • El bhakti yoga camino espiritual o sendero de lo Divino.

Samsara en el Jainismo

En el jainismo, karma, anuva (ego) y el velo de māiā son considerados puntos centrales de sus creencias.

En el jainismo, la única liberación del samsara se llama mokṣa o mukti. El Saṅsāra es la existencia mundana caracterizada por los continuos renacimientos y reencarnaciones en varias formas de existencia. Se describe como una existencia llena de sufrimiento y miseria a la que, por tanto, merece la pena renunciar. El Saṃsāra está con todos los seres ya que el alma está atada al Karma desde siempre, sin ni siquiera un comienzo temporal.

Samsara en el Budismo

Se corresponde con el sufrimiento, propio del mundo material, del que los seres humanos son los únicos seres reencarnados capaces de distanciarse, mediante la liberación, y, posteriormente, de separarse, mediante el nirvana. El tiempo necesario para liberarse del samsara depende de las prácticas espirituales y del karma acumulado en vidas anteriores.

Samsara en el Budismo Mahāyāna

Los budistas mahayana utilizan el término Samsara para referirse a uno de los cinco skandhas o estratos que forman la personalidad humana.

Samsara en las Religiones Europeas Primitivas

El samsara en las religiones europeas primitivas como el gnosticismo tiene su origen en tradiciones mesopotamicas tales como el moabicismo y esta, a su vez de las influencias orientales védicas que provenían del valle del río Indo.

En estas religiones el samsara era un ciclo de nacimiento-muerte-nacimiento que tenía un total de 108 vidas en el reino de los humanos y otras como vegetal o animal. Terminada la última vida en el reino de los humanos, el difunto era enjuiciado en el mundo de Netzáh con anubis y los tribunales del karma, en el cual si su Dharma sobrepasaba la balanza, se iba a un lugar de trascendencia en el cielo y si su karma era más abundante involucionaba en animal y luego en planta, y así sucesivamente hasta el ser viviente más básico; sin embargo posteriormente volvía a evolucionar y pasar progresivamente por los reinos de la existencia.

La obra más conocida acerca del tema está en el libro Pisstis Sophia y otros pergaminos y papiros escritos en copto. En egipto el término Dharma era Maat (pluma de avestruz), alegorizando que la sutileza de sus obras debían ser muy livianas en comparación con el Karma, que metafóricamente eran peso para la balanza cosmica.

Los Seis Reinos del Samsara

Bhavacakra o Rueda del devenir, también llamada samsaracakra o rueda del Samsara. Las seis divisiones interiores de mayor tamaño representan los seis reinos de la existencia.

Los seis reinos del samsara (sánscrito: gati; tibetano: 'gro ba; chino: qu; japonés: shu) también llamados seis reinos de existencia o seis reinos del renacimiento, según la cosmovisión budista, son las formas de existencia o destinos que conforman el ciclo de la existencia (samsara), en las cuales renacen los seres sintientes en tanto no se hayan liberado (moksha) y alcanzado la iluminación.

En la cosmovisión budista, el samsara es el ciclo incesante de renacimientos impulsado por las «tres raíces de lo malsano» (akusala-mula): aversión, apetencia e ignorancia que envían a la consciencia a alguno de los reinos que conforman el samsara, determinado por el karma.

Si bien existen dos formas tradicionales de clasificar los tipos de existencia, la más frecuentemente descrita es ésta de los seis reinos. Su contraparte, la división en planos o avacaras, suele emplearse más bien como un refinamiento de esta división fundamental en seis categorías.

Los seis destinos se encuentran, a su vez, dentro del del Triloka, estos es, los tres reinos de la existencia, que conforman la realidad total del universo. En algunas ocasiones los seis reinos son descritos como conformando solamente uno de los tres reinos del Triloka, el Kamaloka, es decir, el reino del deseo o reino de la necesidad;3 mientras que en otras fuentes, los seis destinos se encuentran divididos entre los tres.4 Cada reino puede tener, a su vez, otros reinos o divisiones internas.

La geografía espiritual del budismo tradicional localizaba los seis reinos del samsara dentro de un continente denominado Jambudvipa localizado al sur del Monte Meru que se ubica en la parte central del universo budista.

Los seis Reinos de Existencia son:

  • Reino de los Deva, el reino de los dioses, dotados de felicidad y orgullo.
  • Reino de los Asura, el reino de los semidioses, caracterizados por su celos y envidia.
  • Reino Humanos, también conocido como Reino Manuṣya, está basado en el deseo y apego, pasión y duda.
  • Reino Animal o Tiryag-yoni, determinados por la estupidez y prejuicio.
  • Reino de los Pretas, reino de los espíritus hambrientos, estado de ser posesivo, avaricia.
  • Reino de los Narakas o Reino de los Nirayas, equivalente al infierno, el reino del sufrimiento, ira.

En el budismo Mahāyāna se hace hincapié en que las enseñanzas deben ser demostrables. En este caso, aparte del contacto directo que algunos privilegiados pueden tener con seres pertenecientes a otros tipos de existencia diferentes de la humana y animal, se considera como evidencia la memoria de vidas pasadas bajo esas formas de existencia que desarrollan algunos meditadores muy avanzados. En particular se dice que Buda Gautama, en el momento de su iluminación, fue capaz de recordar todas sus vidas pasadas, las cuales contemplaban estadías en todos estos seis reinos de existencia.

La totalidad de la existencia kármica, incluyendo los seis reinos del renacimiento, son tradicionalmente representados a través de la rueda del samsara (samsaracakra o bhavacakra), en el cual, en el centro son representadas los «tres venenos» o «tres raíces de lo malsano» (akuśala-mula) a través de tres animales: un cerdo, un ave (ordinariamente un gallo) y una serpiente, alrdedor de ellos se muestran seis paisajes en representación de los seis reinos mostrando cada uno sus habitantes espirituales, circundados, a su vez, por las doce representaciones de las doces causas del condicionamiento (nidānas).

Reino de los Deva

En el ámbito de la mitología budista, el Reino de los Devas es uno de los Seis Reinos de Existencia por los cuales, según el budismo, deambula la conciencia, un nacimiento tras otro, en el ciclo conocido como samsara.

La palabra deva suele traducirse como dios, sin embargo cabe señalar que los devas budistas (como los hinduistas) no son seres omniscientes ni todopoderosos, y ni siquiera son inmortales. Para los budistas, los devas son seres que habitan diferentes "cielos" donde gozan de múltiples placeres en recompensa a sus buenas acciones anteriores, ya que aún no han superado los niveles kármicos y están sujetos a nuevos renacimientos.

Cielos Superiores e Inferiores

Los «cielos» donde residen los devas se suelen subdividir en cielos superiores e inferiores. Los cielos superiores se remiten a los planos rupa (‘con forma [material]’) y arupa (‘sin forma [material]’).

Los cielos Inferiores se encuentran, al igual que las otras cinco formas de existencia (incluidos humanos y animales) en el kama avachara. Estos seis cielos inferiores son:

Cielo de los Cuatro Reyes Deva

  • Trayastrimsa
  • Yama Deva
  • Tushita
  • Nirmanarati
  • Paranirmitavasavartin

Los cuatro primeros son denominados a veces colectivamente «cielos celestes» para diferenciarlos de los dos últimos o «cielos terrestres».

La esperanza de vida de un deva es de un mínimo de nueve millones de años, alcanzando los más longevos duraciones prácticamente inconcebibles desde la perspectiva humana. Para describir lapsos tan largos los budistas recurren a una unidad de tiempo denominada kalpa.

Los conceptos de la inmortalidad del alma y de la reencarnación eran muy presentes también en las religiones esotéricas y la filosofía metafísica de la Grecia antigua. El Metempsicosis, la transmigración del alma después de la muerte, fue enseñado por Sócrates (470-399 AEC) y luego popularizado por Platón (428-348 AEC), el fundador ateniense de la filosofía occidental, considerado el 'Padre Occidental' de la doctrina de la reencarnación.

Sin embargo, incluso antes del tiempo de Sócrates y Platón la enseñanza del Metempsicosis ya estaba arraigada en el pensamiento metafísico de las escuelas esotéricas griegas. En el siglo 6 AEC Pitágoras de Samas y sus seguidores fundaron la escuela pitagórica y enseñaron un conocimiento antiguo esotérico según el cual la transmigración de almas era una de las leyes naturales del universo. El Pitagorismo estuvo relacionado a su vez con la secta órfica aún más antigua cuya doctrina principal mantenía que el alma humana era de origen divino y por ende inmortal, pero estaba condenada a vivir durante un tiempo en un ciclo doloroso de reencarnaciones con el fin de aprender las lecciones de la vida, purificarse y volver a unirse con su creador divino. Cabe decir que este concepto se asemeja bastante a las doctrinas del Saṃsāra, del Karma y del Moksha en el pensamiento religioso hindú de la misma época.

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