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Para el individuo que sinceramente aspira a recorrer el Camino Espiritual, son fundamentales el despojamiento y la ausencia de búsqueda de estímulos supra sensoriales. Su meta debe ser la ampliación de la consciencia y la disponibilidad para, con sincera apertura, expresar patrones de conducta cada vez más sutiles.

Mediante la entrega, el servicio, el Amor y la Gratitud; la consciencia puede ser elevada y reconocer la magnanimidad prometida al hombre tras la actual purificación planetaria. Aunque fue por vosotros negada, la Gracia vuelve a llamar a vuestra puerta.

Aunque la hayáis expulsado de vuestro ser, para en él rendir culto a otros valores, ella retorna. Aunque la despreciéis, envolviéndoos en lo que es transitorio, ella está siempre preparada para recibiros.

Cuando estuviereis acosados por los agentes de las tinieblas, de ellos no debéis ocuparos directamente. Concentrad la atención en la alianza con Nuestra Luz, eslabón incorruptible de la gran corriente cósmica.

De esta forma, os mantendréis apartados de las reacciones de vuestros cuerpos, y más libremente podréis servir como canal para el silencioso y oculto trabajo de la Energía Superior. 

Entregaos, entregaos y entregaos a esa energía: esa es la llave maestra que os es ofrecida para que crucéis el sagrado portal. El Cosmos llama a la puerta de los hombres y, por las hendiduras y las aberturas, hace penetrar la Luz de la vida a sus oscuras moradas.  

La Espiritualidad posee una llave secreta que abre la Puerta de lo Divino. Esta llave es la meditación. La meditación simplifica nuestra vida externa y energiza nuestra vida interna. La meditación nos da una vida natural y espontánea. Esta vida llega a ser tan natural y espontánea que no podemos respirar sin tener conciencia de nuestra divinidad.  

La meditación es un regalo divino. Es la aproximación directa, pues conduce al aspirante hacia Aquel de quien ha descendido. La meditación nos dice que nuestra vida humana es algo secreto y sagrado y confirma nuestra herencia divina. La meditación nos da un nuevo ojo para ver a Dios, un nuevo oído para oír la Voz de Dios y un nuevo corazón para sentir la Presencia de Dios. 

Trae el mensaje del llamado Crístico a su interior, invitándolos a ingresar en ese universo de bellezas y misterios. Entonteces, cuando lo que está adentro del hombre supera sus límites y se une a lo que se refleja en el cosmos; se transcienden las proyecciones formales y se devela en la faz no manifestada lo que es desconocido para la mente. Para ello, al hombre le fueron entregadas tres llaves: 

Amor-Entrega, Fe-Equilibrio, Devoción-Ardor

Unidas, abren el Portal de la Liberación.

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