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El Santo Grial

En algunos textos de la Baja Edad Media la palabra Grial aparece trascrita como «San Gréal» lo que ha dado lugar a teorías esotéricas según las cuales el nombre derivaría de una supuesta forma «Sang Réal», es decir, «Sangre Real».

Esta hipótesis se desarrolla en el libro de Michael Baigent y Richard Leigh: El enigma sagrado (Holy Blood, Holy Grail, en inglés) que fue utilizado por Dan Brown para su novela El Código Da Vinci. 

En la tradición Cristiana El Grial es conocido, como la copa con la cual Jesucristo celebró la última cena, y esa misma copa fue utilizada por José de Arimatea para recoger la sangre del Cristo crucificado. Supuestamente, dicha copa tendría unos poderes mágicos. Ésta versión de la naturaleza del Grial es completamente falsa: el principal legado que nos dejó Jesús fue su desprecio hacia las reliquias, las cuales, desvirtuaban el significado verdadero de sus enseñanzas (Otra cosa es en lo que se ha convertido la Iglesia romana).

Etimológicamente la palabra Grial, pronunciada graal en inglés medio, parece ser una adaptación francesa del término latino gradalis que implica la idea de un plato, escudilla o bandeja con viandas que es llevado a la mesa en diferentes momentos (gradus) de una comida.

Al respecto dice Helinand de Froidmont en su Chronicon (siglo XIII): «... un plato ancho y algo profundo en que habitualmente se colocan las carnes caras para el rico... normalmente se denomina grial».

La Ultima Cena de Leonardo Da Vinci

El Grial es parte de la mitología cristiana medieval, es decir, que carece de referencias específicas en los textos bíblicos. Diversos elementos han entrado en la formación del mito, entre ellos las leyendas monacales con su contenido alegórico y las referencias precristianas a recipientes mágicos como el cuerno de la abundancia o los calderos de la tradición céltica.

Autores posteriores identifican al Grial con la piedra filosofal de los alquimistas, las supuestas reliquias halladas por los Templarios o una alusión velada a la descendencia de Jesús. En su mayor parte, estos investigadores se vinculan a teorías conspirativas elaboradas con escasa rigurosidad histórica.

Peter Redgrove y Penélope Shuttle, poéticamente, ven en la imaginería del Grial un símbolo de la matriz femenina y del ciclo menstrual.

La leyenda del Grial ha fascinado a numerosos personajes históricos. El medievalista alemán Otto Rahn fue el más conocido de ellos por su vinculación con el régimen nazi. En efecto, tras haber escrito un libro sobre el tema: Kreuzzug gegen den Gral (Cruzada contra el Grial. Tragedia del catarismo) donde vinculaba al Grial con el movimiento cátaro, Rahn llamó la atención de Heinrich Himmler, jefe de la Sociedad Ahnenerbe, quien lo hizo ingresar a las SS. Disgustado con esta organización, Rahn renunció y posteriormente fue encontrado muerto (oficialmente se la calificó como suicidio). Este episodio ha dado pie a la creencia en una búsqueda secreta del Grial por la jerarquía nazi, siempre vinculada a temas ocultos.

También se han formulado otras fantásticas hipótesis acerca de la naturaleza del Grial, como que era en realidad el Arca de la Alianza, o que era el linaje divino de descendientes directos de Jesucristo.

En realidad, la única fuente en la que podemos basarnos para encontrar el significado del Grial es en la literatura medieval, en la cual abundan referencias al mismo, como en las leyendas del rey Arturo o en la odisea de Parsifal. En aquella época, la literatura estaba llena de referencias ocultas a procesos alquímicos, ritos iniciáticos secretos y procesos espirituales. Y es precisamente en éstas obras donde mejor se aprecia; el Grial es la conquista del Yo superior, el grado superior de iniciación, que sólo se alcanza cuando se superan todas las pruebas (grados iniciáticos) anteriores, representados en la literatura medieval con encuentros con dragones, odiseas y otras azañas.

El significado oculto que se desprende de las hazañas del rey Arturo es el siguiente: Por consejo de Merlín, Arturo erige la Mesa Redonda con doce asientos simbolizando al Cosmos. De la lectura subterránea de los libros de hazañas artúricas del ciclo bretón se deduce una profunda simbología: "Los doce asientos, además de la trasmigración del alma a través de las doce eras cósmicas o ciclos del gran zodiaco, representan las doce pruebas iniciáticas del hombre antes de la conquista del yo superior".

En el centro de la mesa se reservó un lugar para el Santo Grial, y a la derecha del rey Arturo quedó una silla vacante reservada para el Mejor Caballero del Mundo. Si alguien que no fuera digno de él osara en sentarse allí, moriría ipso facto. Y he aquí que una noche de Pentecostés el círculo de la Mesa Redonda se cerró. En ella se sentó Galahad, hijo de Lancelot, hijo a su vez del Rey Ban y considerado el mejor caballero de Arturo, quien -tras superar una serie de pruebas iniciáticas que simbolizan la búsqueda del hombre hacia su propia esencia- accede, en otro plano de la realidad, al Castillo Venturoso, la morada del Santo Grial, cuya visión ignora ante la presencia de una joven de turbadora belleza que se asemeja a la mujer de Arturo, Ginebra. Y así, el hombre que estaba destinado a conocer el Santo Grial se vuelve indigno y queda desposeído de sus dotes de caballero.

En cuanto a la odisea de Parsifal, escrita por el trovador alemán Wolfram von Eschenbach, y representada posteriormente por Richard Wagner, se nos cuenta que Parsifal, que habitaba en un bosque, vio pasar a varios caballeros. Para él, eran ángeles y, desde entonces, luchó por unirse a la Mesa Redonda. Finalmente lo consiguió e inició su odisea caballeresca e iniciática en busca del Grial, que le hizo llegar al castillo del rey Pescador, en donde avista a una doncella portando el Santo Grial. Al igual que sus predecesores, no supera las pruebas y vaga errante por el mundo hasta que accede a la morada griálica, el Castillo Venturoso. Observa el Santo Grial y fallece… Y es que según la tradición, el iniciado debe "morir" para acceder a un mundo superior.

Éste es el verdadero significado del Grial, el cual es un estado de desarrollo espiritual pleno en el cual se alcanza la piedra filosofal, tan buscada por los alquimistas.

Una vez hechas éstas aclaraciones sobre el Grial, es necesario que escriba aquí la fascinante experiencia de un amigo mío, el cual se sometió a una regresión que arrojó un poco más de luz a mi investigación sobre el tema.

Algunos estudiosos vinculados al esoterismo, como Malcolm Godwin, quieren identificar la pérdida del Grial con hechos reales acaecidos a finales del Neolítico, cuando supuestamente existían en Europa diversas tribus matriarcales asentadas y pacíficas, cuya forma de vida se vio violentamente alterada por oleadas de tribus guerreras y violentas provenientes de Asia. Estos sucesos, que no cuentan son testimonios históricos o arqueológicos, habrían quedado en una posible memoria colectiva y adquirido una dimensión simbólica en la mitología celta hasta que, finalmente, fueron cristianizados por autores como Chrétien de Troyes, Wolfram von Eschenbach y otros. En esta interpretación, altamente especulativa, el Grial evocaría lo femenino (como símbolo del seno materno y de la vulva) y la Madre Tierra.

Los textos que hacen referencia al Grial, se concentran en dos historias diferentes. Por un lado, las relacionadas con la búsqueda del Santo Grial, emprendidas por los caballeros del Rey Arturo, y, por el otro, las que relatan la propia historia del Grial desde los tiempos de José de Arimatea.

Entre las primeras se pueden citar:

  • Parzival, obra del caballero y poeta alemán Wolfram von Eschenbach, en la cual el concepto de De Boron sobre la santidad del Grial es unido al relato de Chrétien de Troyes.
  • Las cuatro continuaciones de la obra inconclusa de Chrétien de Troyes. Escritas por diferentes autores en los cincuenta años posteriores a la historia original, siguen el relato hasta la muerte de Perceval, ahora guardián del Grial, quien finalmente lo lleva consigo al Cielo.
  • El llamado Percival de Didot (nombre del propietario del manuscrito) que es probablemente una versión en prosa de la Estorie de Robert Boron.
  • El poema galés Peredur, generalmente incluido en los Mabinogion, inspirado en la obra de Chrétien pero que incorpora elementos de tradiciones pre-cristianas, como el culto céltico del Caldero.
  • El Perlesvaus, o Li Hauz Livres du Graal, considerado el que más se aparta de las tradiciones arturianas dando versiones diferentes a las aceptadas sobre los personajes de la historia.
  • El Diu Crône (La Corona), poema alemán de Heinrich von dem Türlin, en el cual es Gawain, antes que Perceval, quien obtiene el Grial.
  • El episodio de Lancelot en la llamada Vulgata arturiana, donde se introduce a Galahad como el héroe de la historia.
  • La Queste del Saint Graal, también parte de la Vulgata, que describe las aventuras de Galahad hasta lograr obtener el Grial.

De las segundas se mencionan:

  • La propia obra de Robert de Boron.
  • La Estoire del Saint Graal, primera parte de la Vulgata, escrita antes del episodio de Lancelot, que expande el texto de Robert de Boron con nuevos detalles.
  • Joseph de Arimathie, un poema aliterado escrito en inglés hacia 1310, que describe las actividades de José después de la Resurrección de Cristo y lo retrata como un apóstol predicador y guardián del Grial.
  • La Chronica sive Antiquitates Glastoniensis Ecclesiae (Crónica o Antigüedades de la Iglesia de Glastonbury), de John Seen, un monje local, en la que se dice que el Grial y la tumba de José de Arimatea habían estado en dicha iglesia.
  • De Sancto Joseph ab Arimathea escrito hacia 1430 por Fray John Capgrave, de Norfolk.
  • Historia del Santo Grial de Herry Lovelich, escrita hacia 1450, la primera traducción inglesa del cuento de la vulgata francesa Estoire del San Graal. Aquí, Josephes, el hijo de José, es el protagonista y el énfasis se pone en José de Arimatea y sus actividades de conversión en Britania, mientras que es minimizada su conexión con el Grial.
  • La Crónica de John Hardyng, completada en 1465, vincula a Arturo con José de Arimatea a quien acredita la construcción de la Mesa Redonda original.
  • El poema Jerusalén, en el prólogo al Milton de William Blake, escrito en 1808, evoca antiguas tradiciones que hacían de José el tío de Jesús

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