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Evangelios Canónicos - Nuevo Testamento de la Biblia Cristiana

Evangelio significa Buena Noticia, del griego ε, bien y αγγέλιον, mensaje. Según la Fe Cristiana la narración de la vida y palabras de Jesús, es decir la buena nueva del cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Abraham, Isaac y Jacob de que redimiría a su descendencia del pecado por medio de la muerte de su Hijo unigénito Jesús, quien moriría en expiación por el pecado de toda la Humanidad y resucitaría al tercer día para dar arrepentimiento y perdón de los pecados a todo aquel que crea en él.

David profetizó que Jesús resucitaría al tercer día sin ver corrupción; David murió y su cuerpo vio corrupción y la tumba de David está en el Monte Sion, pero Jesús resucitó al tercer día cumpliendo la profecía de su resurrección y su tumba está vacía y es conocida como el Santo Sepulcro. Este es el evangelio que predicaban los primeros discípulos de Jesús.

En un sentido más general, el término evangelio puede referirse a los evangelios, que son escritos de los primeros cristianos que recogen las primeras predicaciones de los discípulos de Jesús de Nazaret, y cuyo núcleo central de su mensaje es la muerte y resurrección de Jesús. Son cuatro los evangelios contenidos en el Nuevo Testamento de la Biblia Cristiana, llamados Evangelios Canónicos, reconocidos como parte de la Revelación por las diferentes confesiones cristianas. Son conocidos con el nombre de sus autores: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Evangelio según San Mateo

Autor

Los antiguos escritores cristianos creían que este libro fue el primero de los evangelios sinópticos (de allí su ubicación al principio del Nuevo Testamento), y lo atribuyeron a San Mateo, uno de los doce apóstoles. Sostenían que Mateo escribió el evangelio en Palestina poco antes de la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C. Aunque todavía existen quienes mantienen esta opinión, la mayoría de los especialistas aseguran que el Evangelio más antiguo es el de San Marcos. Sobre la base de las pruebas externas e internas, consideran que el autor de Mateo utilizó a Marcos como a una de sus dos principales fuentes, siendo la segunda una colección de proverbios de Jesús denominada "Q" (del alemán Quelle, "fuente"). Además, dudan que fuese el apóstol Mateo quien escribiera el libro. Sea quien fuere su autor real, ha sido identificado como judío porque su Evangelio contiene numerosas referencias a las escrituras, las leyes y estilos de vida judíos que presuponen que el lector está familiarizado con ellos, y en parte porque otras evidencias sugieren que escribió principalmente para cristianos de origen judío. No se conoce con exactitud el lugar donde este Evangelio fue escrito. Algunas autoridades en la materia piensan que fue en Palestina; otros, por su parte, se inclinan por otro centro de los cristianos primitivos, posiblemente la ciudad de Antioquía en Siria. La opinión más generalizada sostiene que fue escrito después del 70 d.C., quizá en torno al 80 d.C.

Contenido

El Evangelio de Mateo se estructura en torno a cinco discursos de Jesucristo. Cada uno de ellos es introducido por una narración sobre los hechos de Jesús, sección que sirve como preparación e interpretación del discurso. La totalidad de los discursos está precedida a su vez por una narración introductoria, y al finalizar los discursos aparecen dos narraciones culminantes. La primera de estas narraciones finales tiene que ver con la Pasión, y la segunda con la Resurrección. Por eso, puede decirse que Mateo consta de ocho secciones bastante diferenciadas.

La narración introductoria (capítulos 1 y 2) traza la genealogía de Jesús hasta el patriarca Abraham y el rey David, e incluye una serie de datos acerca del nacimiento e infancia de Jesús (1,18-2,23). Las historias más conocidas de esta sección, exclusiva de Mateo, incluyen la visita de los "magos que venían del Oriente" (2,1); la huida de José y María a Egipto con el niño Jesús para escapar a la masacre de los niños varones, decretada por Herodes el Grande, rey de Judea; y el retorno desde Egipto tras la muerte de Herodes.

Las cinco secciones de narraciones y discursos, cada una de ellas marcadas en su conclusión por la fórmula "cuando acabó Jesús estos discursos", están tomadas en su mayoría de Marcos y de "Q". El escenario de las primeras cuatro narraciones-discursos es Galilea, mientras que Jerusalén lo es de la quinta.

Primera narración-discurso

La primera narración (capítulos 3 y 4) está dedicada a Juan el Bautista, al bautismo y a la tentación de Jesús, y a los comienzos de su ministerio público. A continuación le siguen el Sermón de la Montaña (capítulos 5 al 7), donde Jesús asegura que ha venido para "dar cumplimiento" a "la Ley y los Profetas" (5,17), e instruye a la multitud con el estilo de "quien tiene autoridad" (7,29). En el sermón están incluidas las Bienaventuranzas y el Padrenuestro (6,9-13).

Segunda narración-discurso

La segunda narración (8,1-9,38) presenta ejemplos de la capacidad de Jesús para curar a los enfermos con el poder de la fe. En el segundo discurso (10,1-42), Jesús ordena a sus doce discípulos curar y predicar "a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (10,6), señalando las condiciones para el apostolado.

Tercera narración-discurso

La tercera narración (capítulos 11 y 12) relata la creciente oposición de los fariseos a las obras y predicación de Jesús. La temática del tercer discurso (13,1-52) es el reino de los cielos.

Jesús habla de él en las parábolas, y cuando los discípulos le preguntan por qué habla al pueblo de esa manera, Jesús les respondió: "Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no" (13,11). Este discurso incluye las parábolas del sembrador (13,18--23), de la cizaña (13,24-30) y del grano de mostaza (13,31-32).

Cuarta narración-discurso

La cuarta narración (13,53-17,27) comienza con la historia del rechazo que sufre Jesús por las gentes de su ciudad (13,53-58). Además, da cuenta de la muerte de Juan el Bautista (14,3-12), de una serie de milagros y curaciones, realizados por Jesús, de un milagro de San Pedro, de la revelación (en Cesarea de Filipo) a sus discípulos, de su naturaleza y vocación divinas (16,13-20), del anuncio de Jesús de su Pasión y Resurrección, y de la Transfiguración (17,1-8). El cuarto discurso (17,24-18,35) se refiere a la Iglesia: condiciones para que ésta se dé y a su gobierno.

Debe destacarse que Mateo 16,17-19 y Mateo 18,17 son los únicos pasajes de los cuatro evangelios en los que aparece la palabra Iglesia.

Quinta narración-discurso

La quinta narración (capítulos 19 al 22) describe el último viaje de Jesús por Judea hacia Jerusalén, incluyendo la entrada en la ciudad y la expulsión de los vendedores del Templo. Presenta también las controversias entre Jesús y los saduceos y fariseos con respecto al tributo debido al César, a la resurrección, al "mandamiento mayor de la Ley" (22,36-37) y a la paternidad del Mesías. El último discurso importante se divide en dos partes. En la primera (capítulo 23), Jesús critica a los fariseos y escribas porque, entre sus muchos otros defectos, "por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad" (23,28). En la segunda parte (capítulos 24 y 25), Jesús explica a los discípulos las señales de su venida y del fin del mundo (24,3). También les habla, en las parábolas de la higuera (24,32-33), de las diez vírgenes (25,1-3) y de los talentos (25,14-30), sobre la llegada del reino de los cielos, describiendo el juicio final.

La unción de Jesús, la traición de la que es objeto, la Última Cena, la agonía y arresto de Jesús en el jardín de Getsemaní; su juicio, crucifixión, muerte y sepultura se relatan en la primera de las dos narraciones culminantes (capítulos 26 y 27). Su Resurrección y el encargo a sus discípulos para que hagan "discípulos a todas las gentes" (28,19) se refieren en la última narración. Los relatos y detalles exclusivos de Mateo que se encuentran en estas narraciones culminantes incluyen la muerte del traidor de Jesús, Judas Iscariote (27,3-10); el sueño de la mujer de Poncio Pilato (27,19); el lavatorio de manos de Pilato para descargarse de su responsabilidad por la muerte de Jesús (27,24-25); el terremoto que se produjo tras la muerte de Jesús (27,51-53); la custodia del sepulcro (27,62-66); y las apariciones de Cristo resucitado a las dos Marías (28,9-10) y a sus discípulos en Galilea (28,16-20).

Elementos característicos

Lo más notable en Mateo es su énfasis en que Jesús es el Mesías prometido, legítimo heredero del rey David, y en los asuntos relativos a la Iglesia. Pueden encontrarse abundantes pruebas de que probablemente fue escrito para los cristianos judíos es el abundante conjunto de datos, exclusivo de este Evangelio, ya que insiste en presentar a Jesús como cumplimiento y concreción del Antiguo Testamento. Única también es la posición superior de San Pedro, designado por Jesús como guardián de "las llaves del Reino de los Cielos" (16,19). El profundo interés en los discípulos que caracteriza a todos los evangelistas aparece aún más resaltado en Mateo. El autor de este Evangelio relata pormenorizadamente cómo Jesús los eligió, cómo les instruyó, como le fallaron y cómo Cristo resucitado los perdonó y les dio una gran seguridad en su misión.

La influencia de Mateo en el cristianismo ha sido dominante desde su composición. Además de su importancia teológica en la formulación de la doctrina, una importancia que comparte sólo con el Evangelio según San Juan, su versión de las secciones más célebres como las Bienaventuranzas, el Padrenuestro y las historias de la Pasión es más conocida y citada o leída que los relatos paralelos de los demás Evangelios.

Evangelio según San Marcos

Autor

Los indicios más antiguos relativos al autor de Marcos provienen del historiador de la iglesia, Eusebio de Cesarea (siglo III), quien cita a un escritor más antiguo llamado Papías. Éste cita a su vez una aseveración relativa al Evangelio de Marcos de boca de un personaje aún más antiguo, a quien llama el 'Presbítero' (griego, presbyteros, 'más viejo'): "Y solía decir el Presbítero esto: 'Marcos, al ser el intérprete de Pedro, escribió con exactitud, pero no en orden, lo que recordaba que había sido dicho y hecho por el Señor'". Es virtualmente indudable que, en opinión de Papías, este Marcos era Juan Marcos, primo de Bernabé, mencionado en Hechos de los Apóstoles (He. 15,37-39), en varias epístolas de Pablo (Colosenses 4,10; 2 Timoteo 4,11; Filemón 24) y en 1 Pedro 5,13.

La investigación crítica no ha conseguido demostrar esta opinión, ni tampoco refutarla, aunque existen razones para dudar de ella.

Los primeros cristianos tendían a vincular los evangelios con uno de los doce apóstoles. Si en la Iglesia primitiva la tradición siempre atribuyó el evangelio a un hombre llamado Marcos, probablemente el Presbítero de Papías, se apoyó en esa tradición al identificar a este Marcos con Juan Marcos a fin de vincularlo al apóstol Pedro. Por eso, muchos especialistas creen que el Evangelio fue escrito por un cristiano anónimo primitivo llamado Marcos, que se basó en un gran número de tradiciones para componer una narración, ajustadamente organizada y atractiva.

Fecha y lugar de composición

En el capítulo 13, Marcos se refiere a la destrucción de Jerusalén como a un acontecimiento inminente u ocurrido recientemente. En consecuencia, aunque los especialistas no saben si datar este Evangelio poco antes o poco después del 70 d.C., es virtualmente seguro que no se compuso muy lejos de esta fecha.

Una tradición que se remonta al teólogo griego, Clemente de Alejandría (siglo II), indica que fue Roma el lugar en que se escribió el Evangelio, aunque esta opinión probablemente se infiera de la suposición de que el autor llevó al papel cosas dichas por Pedro. Las pistas que aparecen en el propio Evangelio han sugerido a numerosos estudiosos que posiblemente haya sido escrito en Galilea o en Siria.

Contenido

El evangelio relata la historia del Jesús adulto, desde el momento de su bautismo por Juan el Bautista hasta su crucifixión y al mensaje del ángel anunciando su resurrección. Los episodios iniciales, escenificados en Judea, describen la actividad de Juan el Bautista, el bautismo de Jesús y su tentación por Satán en el desierto. A continuación, el escenario se traslada a Galilea (1,14), y durante la mayor parte del evangelio el lector recorre las diversas regiones del norte de Palestina, especialmente los alrededores del Mar de Galilea, donde Jesús predica sobre el reino de Dios y sana a los enfermos. A continuación, Jesús se dirige hacia el sur (10,1), en dirección a Judea. Desde Marcos 11,11 hasta el final del evangelio, los acontecimientos se desarrollan en Jerusalén y sus alrededores, donde tienen lugar el arresto, crucifixión y el entierro de Jesús. Cuando algunas mujeres de entre sus seguidores se dirigen a la tumba para encargarse del cuerpo, descubren que está vacía. Un ángel les ordena comunicar el hecho a los discípulos, pero no hablan con nadie por temor.

Así, el evangelio comienza y termina en Judea, aunque entre el inicio y el final, una gran parte de la actividad tiene por escenario Galilea. La importancia de Galilea se indica nuevamente por una profecía, pronunciada en dos ocasiones, de que tras su Resurrección, Jesús irá a Galilea y que será allí el lugar en que sus discípulos le verán (14,28; 16,7).

Estructura literaria

Es razonable suponer que la primitiva Iglesia tuvo, como tradición oral, una narración rudimentaria de la pasión de Jesús, presentada como una concatenación de acontecimientos que tuvieron lugar en Judea y, especialmente, en Jerusalén. Seguramente la iglesia habrá tenido también recopilaciones de las enseñanzas de Jesús (por ejemplo, las parábolas que aparecen en Marcos 4) y relatos de sus hechos, vinculados —al menos en algunos casos— a parajes de Galilea (por ejemplo, los milagros que se incluyen en Marcos 4, 5 y 6). El logro literario más evidente de Marcos reside en haber conseguido reunir muchos de estos dichos y relatos galileos para conformar una amplia introducción a la tradición jerosolimitana de la Pasión de Jesús. Además, la narrativa se caracteriza por una notable vitalidad dramática.

Ya en el comienzo se inserta una nota de tensión mediante la breve descripción del conflicto de Jesús con la fuerza cósmica del mal, Satán, y por la sombra profética que el arresto de Juan el Bautista arroja sobre la inauguración del ministerio de Jesús. La tensión crece (2,6-7; 3,2; 3,6; 3,22), hasta culminar en el enfrentamiento abierto por las audaces actividades de Jesús en el Templo (11,18) y sus ataques verbales contra las autoridades judías (12,1-12; 12,38-40). La confrontación degenera en un plan para eliminar a Jesús (14,1-2), y finalmente en su arresto, juicio y crucifixión. En la narración de la Pasión, los antagonistas de Jesús son seres humanos, pero incluso allí se detectan las notas dramáticas del conflicto cósmico en la referencia a "la oscuridad sobre toda la tierra" durante la crucifixión y en la correspondiente referencia a la salida del sol en la mañana de la Pascua.

Así, Marcos debe de haber tomado sus principales motivos para organizar y presentar las tradiciones galileas a partir de la tensa y dramática estructura inherente en la tradición jerosolimitana de la Pasión de Jesús. Es decir que debe de haber entrelazado la temática del conflicto dramático con el material galileo, presentando así las viñetas de los hechos y predicación de Jesús como puntos de la confrontación que auguraban el clímax que se produjo en Jerusalén. El drama resultante es fundamentalmente apocalíptico por el hecho de que presenta la historia de Jesús como una lucha cósmica dual entre el reino de Dios y el reino de Satán. Comienza cuando Jesús, como hijo de Dios, invade el territorio de Satán para liberar a los seres humanos de su dominio (3,27). El resultado final de la lucha está asegurado con la Resurrección de Jesús, el acontecimiento merced al cual su verdadera identidad, inicialmente mantenida en secreto (1,34 y 44; 3,12; 5,43; 7,36; 8,26 y 30; 9,9) queda claramente revelada (9,9).

La conclusión del Evangelio de San Marcos

Existen dos tradiciones textuales para la conclusión del evangelio. La mayoría de los manuscritos griegos tienen el "final largo", que termina en 16,20, aunque un pequeño número llega sólo hasta 16,8. La opinión dominante entre los especialistas es que la versión más corta es la más antigua (es decir, que Marcos terminó la composición en 16,8), y que un escriba del siglo II, considerando que el final era muy rápido e insatisfactorio, se basó en el Evangelio de Lucas para componer lo que le pareció una conclusión más aceptable.

Evangelio según San Lucas

Autor

La tradición de la Iglesia, que data de finales del siglo II, lo atribuye a "Lucas, el médico querido" (Colosenses 4,14), uno de "mis colaboradores" (Filemón 1, 24) mencionado por San Pablo. La misma tradición también atribuye a Lucas los Hechos de los Apóstoles que, conjuntamente con el evangelio que lleva su nombre, suele considerarse que constituyeron una obra más grande en los primeros años del cristianismo. La mayoría de los especialistas modernos aceptan que Lucas es el autor de ambos libros, aunque algunos —debido a la contradicción entre las cartas de Pablo y lo que de él se cuenta en Hechos— dudan que Lucas y Pablo estuviesen estrechamente asociados durante la obra misionera de este último.

En la actualidad, la opinión más generalizada es que el Evangelio de Lucas data de la década del 70 al 80 d.C. También se han sugerido fechas anteriores o posteriores: en torno al 63-65 d.C. si, como se ha propuesto, Hechos fue escrito mientras Pablo estaba encarcelado en Roma; a finales del siglo I, si se toma como prueba de una fecha posterior cualquier ausencia de referencias al evangelio en los escritos de los primeros padres de la Iglesia. Se desconoce si este evangelio fue escrito en Roma, en Asia Menor o en Grecia.

Contenido

El contexto de Lucas es el mismo del Evangelio de San Marcos. Sin embargo, Lucas amplió el relato de Marcos mediante dos importantes interpolaciones (Lc. 6,20-8,3; 9,51-18,14). La mayoría de los especialistas coincide en que estas inserciones fueron tomadas principalmente de una recopilación de los dichos de Jesucristo conocida como "Q", o "Logia", y de un cuerpo de tradiciones orales denominado a veces "L", recopiladas por Lucas o conocidas sólo por él.

Lucas puede dividirse en seis secciones bastante diferenciadas: un prólogo (1,1-4); relatos del nacimiento e infancia de Jesús (1,5-2,52); el ministerio de Jesús en Galilea (3,1-9,50); su viaje desde Galilea a Jerusalén (9,51-19,48); su predicación en Jerusalén (capítulos 20-21); y su pasión, resurrección y ascensión (capítulos 22-24).

El prólogo, que expone las razones para escribir el evangelio y la autoridad para ello, está dirigido al "ilustre Teófilo" (1,3). Es posible que Teófilo no sea más que una denominación simbólica del lector cristiano, aunque lo más probable es que se tratase de una persona real, quizá un funcionario romano. El prólogo de Lucas es único en los tres primeros evangelios. Modelado sobre la base de los prólogos de los historiadores helenistas, da la impresión de que Lucas escribió principalmente en calidad de historiador, registrando los hechos tras una exhaustiva investigación.

La narración del nacimiento e infancia de Jesús que aparece en Lucas ha sido la que más peso tuvo para dar forma a la celebración cristiana de la Navidad. De esta parte se han tomado los grandes himnos conocidos como Magnificat (1,46-55) y Benedictus (1,68-79). En esta parte, los relatos familiares que son exclusivos de Lucas incluyen la anunciación (1,26-38); la visita de María, madre de Jesús, a Isabel, madre de Juan el Bautista (1,39-56); el nacimiento de Juan el Bautista (1,57-80); la circuncisión de Jesús y su consagración en el Templo (2,21-40); y la aparición de Jesús en el Templo a los 12 años de edad (2,41-52).

El relato que Lucas hace del ministerio de Jesús en Galilea es similar, con relativamente pocas excepciones, al que encontramos en Marcos. Lucas ofrece una descripción detallada del rechazo de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret (4,16-30), presenta una genealogía de Jesús que remonta sus orígenes humanos no sólo hasta Abraham, sino también hasta Adán (3,23-28). Por otra parte, sitúa el lugar del Sermón de la Montaña "en un paraje llano" (6,17) en lugar de hacerlo sobre la cima de un monte (6,20-49). Éstas son las principales diferencias.

Por otra parte, el relato que hace Lucas del viaje de Jesús hacia Jerusalén atravesando Samaria (9,51-19,48), contiene un material considerable que no aparece ni en Marcos ni en Mateo. Es sobre todo esta parte (probablemente tomada en su mayoría de la fuente "L"), que numerosos especialistas denominan 'sección especial de Lucas', la que ofrece las cualidades distintivas de este Evangelio. Las narraciones y dichos únicos y característicos que aparecen en esta sección incluyen las historias de la misión y el regreso de los 72 discípulos (10,1-20) —70 en la versión protestante—, de Marta y María (10,38-42), y del rico publicano Zaqueo (19,1-10), así como las parábolas del buen samaritano (10,29-37); de la dracma perdida (15,1-10), del hijo pródigo (15,11-32), y del rico malo y Lázaro el pobre (16,19-31).

Aquí también se incluye la versión abreviada de Lucas del Padrenuestro, sin la doxología que puede encontrarse en Mateo 6,9-15, escenificada en un contexto diferente.

Para sus relatos acerca del ministerio de Jesús en Jerusalén (capítulos 20-21), y de la Pasión y Resurrección (capítulos 22-24), Lucas vuelve a recurrir a Marcos. Sin embargo, añade a la narración de éste las últimas palabras de Jesús a sus discípulos (22,21-38), sus palabras en camino hacia la cruz (23,28-31), las palabras de los dos salteadores crucificados (23,39-43), las apariciones de Cristo resucitado en el camino de Emaús y en Jerusalén (24,13-49) y la Ascensión de Jesús (24,50-53).

El Evangelio de Lucas fue escrito fundamentalmente para su uso entre los gentiles. El objetivo declarado del evangelista es ser universal, ya que Lucas —más que Mateo y Marcos— intenta situar a la persona y ministerio de Jesús dentro del tiempo y del mundo. Su genealogía de Jesús destaca la importancia universal de Cristo. Los pequeños toques que salpican la totalidad del texto mantienen constantemente este motivo de universalidad ante el lector. Sólo en Lucas puede leerse que llegaron soldados (que seguramente eran gentiles) a ser bautizados por Juan (3,14); ningún otro evangelista mostró preocupación por los samaritanos (9,51-56; 17,11-19); y su evangelio espera el día en que la palabra de Dios sea escuchada y prevalezca entre "todas las naciones" (24,47). También característico de Lucas es su preocupación por las relaciones sociales justas, en especial entre el rico y el pobre; su interés por los pecadores y los parias sociales; y su compasión por la mujer, única entre los evangelistas (7,11-17; 7,36-50; 8,1-3).

Lucas, (siglo I d.C.), en el Nuevo Testamento, compañero de san Pablo y, al parecer, su fiel amigo durante el encarcelamiento del apóstol (Rom. 16,21; II Tim. 4,11). Según la tradición de la Iglesia, fue médico y autor del libro de los Hechos de los Apóstoles y del tercer evangelio sinóptico. Nada se sabe sobre su lugar de nacimiento ni de las circunstancias de su muerte. Es probable que fuera un gentil, pues Pablo le distingue de sus colaboradores judíos (Col. 4,10-14). Pudo haber sido Lucio de Cirene (He. 13,1), es decir, un habitante de Cirenaica, en el norte de Africa. Como parece indicar el uso de la primera persona del plural en los Hechos de los Apóstoles 16,10-17, y si el autor de los mismos fue el hombre de Macedonia (He. 16,9), Lucas se reunió con Pablo en Troade, la principal ciudad de la provincia romana de Asia y, más adelante, le acompañó en su segundo viaje misionero hasta la antigua ciudad macedonia de Filipos, donde Lucas se quedó varios años mientras Pablo viajó a Grecia y Macedonia; se reunieron de nuevo cuando el apóstol pasó por Filipos en su viaje a Jerusalén (He. 20,5-6). A partir de entonces debió permanecer con él y es muy probable que le acompañara durante su último encarcelamiento (Flm. 1,24). La festividad de san Lucas se celebra el 18 de octubre, y es el patrón de médicos, artistas, fabricantes de cerveza y carniceros.

Evangelio según San Juan

Cuarto libro del Nuevo Testamento. La tradición eclesiástica de la segunda mitad del siglo II ha sostenido que fue escrito por san Juan Evangelista antes de su muerte, y publicado hacia finales del siglo I, quizá en la antigua ciudad griega de Éfeso. Además, la tradición ha afirmado que es el último de los evangelios, opinión compartida y fundamentada por los estudiosos modernos. Ésta es la razón por la que aparece en el canon del Nuevo Testamento tras los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Los evangelios sinópticos comparten un punto de vista y una temática central comunes.

El autor

Desde el siglo XIX, la identidad del autor del Evangelio de Juan ha suscitado encendidas polémicas. Los especialistas conservadores de la actualidad aceptan en general a Juan Evangelista como autor, aunque otros, que no pueden aceptar en absoluto que el autor fuera a la vez apóstol y testigo presencial de los acontecimientos registrados en el libro, han propuesto diversas hipótesis. Una de las más importantes es que el cuarto evangelio canónico fue escrito por "el Presbítero" mencionado en la Segunda y Tercera Epístola de San Juan; que fue compuesto por un discípulo de Juan Evangelista (por lo cual se basó, en parte, sobre las memorias que Juan conservó de los acontecimientos del evangelio); que acaso fuera compuesto por un amigo de Jesucristo, Lázaro de Betania; o que fue escrito por un cristiano anónimo en Alejandría durante la primera mitad del siglo II d.C. Los especialistas más liberales sitúan a Juan en la última década del siglo I o en la primera del siglo II.

Tratamiento del Evangelio

El Evangelio de Juan se divide en cuatro secciones bien diferenciadas. La primera (1,1-18) es un breve prólogo sobre la naturaleza de Jesucristo como encarnación de "la Palabra" —o "el Verbo"— (1,1-2 y 14), o "Logos", una palabra que significa razón y en la antigua filosofía griega representa el principio rector del universo. Logos designa asimismo una doctrina cristiana que explica cómo el agente divino se manifiesta en la creación, ordenación y salvación del mundo.

La segunda sección (1,19-11,57 o según la división de otros especialistas, 1,19-12,50) aporta el testimonio de que Jesús es el verdadero Cristo o Mesías. Que él es, en otras palabras, la manifestación del Logos encarnado. Este testimonio lo prestan Juan el Bautista y los primeros discípulos, pero se expresa sobre todo a través de los milagros o "señales" (20,30) de Jesús, quien "manifestó su gloria" (2,11). Estos milagros son la transformación del agua en vino en Caná (2,1-11), la curación del hijo de un funcionario real (4,46-54), la curación de un hombre que llevaba 38 años enfermo (5,1-9), la multiplicación de los panes y los peces (6,1-15) —el único milagro registrado en los cuatro evangelios—, la curación de un hombre ciego de nacimiento (9,1-7) y la resurrección de Lázaro, amigo de Jesús, de entre los muertos (11,1-46). Algunos especialistas consideran que la aparición de Jesús caminando sobre las aguas (6,16-21) es también un milagro. Otros, que dudan que deba considerarse como tal, enumeran otros como su muerte (19,30) y apariciones como Cristo resucitado (20,1-29).

Algunos estudiosos afirman que la tercera sección de Juan comienza con los últimos viajes de Jesús a Betania y Jerusalén, que marcaron el final de su magisterio público (capítulo 12). Desde su punto de vista, esta parte comprende la pasión y resurrección de Jesús (capítulos 12 al 20). Otros expertos, que favorecen una línea temática y siguen la doctrina del Logos definida en el prólogo, sostienen que el tema fundamental de esta sección es el regreso del Hijo encarnado al seno del Padre. Según estos especialistas, la tercera sección comenzaría entonces en el capítulo 13, una vez concluido el peregrinar de Cristo, y sigue hasta el capítulo 20. Sea como fuere que se estructure, esta sección incluye un relato de la Última Cena; el último discurso y oración de Cristo, la así llamada sacerdotal; párrafos narrativos, en la mayoría de los casos, que describen el drama de la traición, arresto, juicio, crucifixión y sepultura de Jesús; y el testimonio personal trágico e inspirativo del sepulcro vacío y de las apariciones de Cristo resucitado ante María Magdalena, los discípulos y el incrédulo Tomás. La cuarta sección de Juan (capítulo 21) es un apéndice o epílogo. Allí, Cristo resucitado aparece por tercera vez ante sus discípulos, ordena a Pedro: "apacienta mis corderos" y "mis ovejas", predice el martirio de este apóstol y habla acerca de un discípulo al que ama. Este discípulo se identifica como el propio autor del Evangelio (21,24).

El autor de Juan escribió en una época en que las creencias de los cultos arcanos y del gnosticismo circulaban en la Iglesia primitiva junto con las primeras doctrinas del cristianismo. Al parecer, su intención era que este Evangelio fuera en esencia una reinterpretación teológica de la persona y la misión de Jesús. Presentó el mensaje en términos afines a las corrientes filosóficas de su tiempo, en una forma quizá más comprensible para los cristianos de la Iglesia posterior y para los gentiles helenistas que para sus contemporáneos. Por sus características concretas, el principal objetivo del autor fue contrarrestar la interpretación del gnosticismo docético que afirmaba que Cristo era una divinidad que apareció en forma humana, pero incapaz de experimentar sentimientos mortales o de morir. El propósito explícito del Evangelio se revela en 20,30-31.

Evangelio de Juan y los Evangelios Sinópticos

Desde mucho tiempo atrás se reconoce que el Evangelio de Juan es distinto de los tres evangelios sinópticos que le preceden. Entre las diferencias más conspicuas y significativas se cuentan la ausencia en Juan de cualquier registro o descripción de temas biográficos e históricos tales como el nacimiento y la infancia de Jesús, sus tentaciones, la transfiguración, la institución de la Eucaristía y la agonía en el huerto de Getsemaní.

Además, sólo Juan menciona el cambio milagroso del agua en vino en Caná, la resurrección milagrosa de Lázaro, el lavado de los pies de sus discípulos en la Última Cena (13,1-20), los bautismos realizados Jesús y sus discípulos (3,22-36; 4,1-2), Nicodemo (3,1-21), la mujer samaritana (4,7-26) y el incidente —que en la versión primitiva no fue parte del evangelio— de una mujer "sorprendida en el adulterio" (7,53-8,11). También quedan en evidencia importantes diferencias cronológicas al comparar a Juan con los sinópticos. En Juan el magisterio de Jesús se prolonga durante varios años, la Última Cena tiene lugar antes de la Pascua judía y Jesús es crucificado antes del primer día de dicha festividad

Logos que significa en griego, 'discurso', 'razón', 'proporción', en la filosofía clásica y sobre todo en la filosofía y teología medievales, la razón divina que actúa como principio ordenador del universo.

El filósofo griego de siglo VI a.C. Heráclito fue el primero en utilizar el término logos en una dimensión metafísica. Afirmaba que el mundo está dirigido por un logos parecido al fuego, una fuerza divina que produce el orden y el modelo perceptible en el flujo de la naturaleza. Creía que esta fuerza es similar a la razón humana y que su propio pensamiento participaba del logos divino.

Con el estoicismo, desarrollado después del siglo IV a.C., el logos es concebido como un poder racional de origen divino que ordena y dirige el universo; se identifica con Dios, la naturaleza y el destino. El logos es omnipresente y se entiende como pensamiento divino y al menos, como una fuerza semifísica, que actúa a través del espacio y del tiempo. Dentro del orden cósmico determinado por el logos se encuentran centros individuales de potencialidad, vitalidad y crecimiento, consideradas "semillas del logos" (logoi spermatikoi). A través de la facultad de la razón, todo ser humano (pero ningún otro animal) participa de la razón divina. La ética estoica recalca la regla "ve donde la razón [logos] lleve"; por tanto, uno debe resistir la influencia de las pasiones terrenales, como el amor, el odio, el temor, el sufrimiento y el placer.

El filósofo judeo-heleno del siglo I d.C. Filón de Alejandría utilizó el término logos en su esfuerzo por sintetizar la tradición judía y el platonismo. Según Filón, el logos es un principio mediador entre Dios y el mundo y puede ser comprendido como el discurso de Dios o la sabiduría divina que es inmanente al mundo.

Al principio del Evangelio según san Juan, Jesucristo es identificado como el logos hecho hombre, al ser la palabra griega logos traducida como verbo: "Al principio fue el Verbo, y el verbo estaba en Dios, y el verbo era Dios. . . Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. . ." (Jn. 14,1-3). La concepción de Cristo que tenía san Juan estaba quizá influida por pasajes del Antiguo Testamento, así como por la filosofía griega, pero los primeros teólogos cristianos desarrollaron el concepto de Cristo como el logos concebido en términos platónicos y neoplatónicos. El logos, así, fue identificado con la voluntad de Dios, o con las ideas (o formas platónicas) que se hallan en la mente de Dios. La encarnación de Cristo fue entendida, por consiguiente, como la encarnación de estos atributos divinos.

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