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San Pablo - Saulo de Tarso c.33-62 - Apóstol de los Gentiles

Primer Teólogo, considerado el misionero más grande de la cristiandad, también llamado el Apóstol de los Gentiles.

Nació en Tarso (hoy Turquía) y sus padres, fieles cumplidores de la religión judaica, lo llamaron Saulo como al antiguo rey hebreo y al octavo día fue circuncidado como estipulaba la Ley judía. Se educó con el máximo rigor de acuerdo con la interpretación farisaica de la Ley y como judío joven de la Diáspora (la dispersión de los judíos en el mundo grecorromano), escogió el nombre latino de Pablo, por su similitud fonética con el suyo.

Sus cartas reflejan un conocimiento profundo de la retórica griega, algo que sin duda aprendió de joven en Tarso, pero sus modelos de pensamiento reflejan también una educación formal en la Ley mosaica quizá recibida en Jerusalén del famoso maestro Gamaliel el Viejo durante la preparación para convertirse en rabino. Destacado estudioso de la Ley y defensor acérrimo de la ortodoxia judía (ver Gál. 1,14; Flp. 3,6), su celo lo llevó a perseguir a la naciente Iglesia cristiana por considerarla una secta hebrea contraria a la Ley y que debía ser destruida (ver Gál. 1,13). En los Hechos de los Apóstoles se relata su participación como testigo en el lapidamiento de san Esteban, el primer mártir cristiano.

Se convirtió al cristianismo tras experimentar una visión de Cristo durante un viaje de Jerusalén a Damasco (He. 9,1—19; 22,5—16; 26,12—18), acontecimiento al que se refiere sin emplear el término conversión, que implica un cambio de una a otra religión. Para él, esta revelación de Jesucristo suponía la señal del fin de todos los credos y, por tanto, de todas las diferencias religiosas (ver Gál. 3,28). En cambio habla con reiterativa insistencia de que Dios "lo llamó" (ver más adelante Elección) al cristianismo y a la evangelización de los gentiles. Aunque reconoció la legitimidad de su misión entre los judíos, como la llevada a cabo por Pedro, estaba convencido de que el cristianismo era una llamada que Dios hacía a todas las personas al margen de los requerimientos de la Ley judía.

Según el conocido relato contenido en los Hechos de los Apóstoles, Pablo llevó a cabo tres viajes misioneros definidos de forma clara. Sus cartas revelan que su itinerario misionero se guió por tres preocupaciones principales:

  • 1 Su vocación por evangelizar territorios aún no hollados por otros evangelistas cristianos, de ahí sus planes para dirigirse por el oeste hasta España (Rom. 1,14 y 15,24—28)
  • 2 Su interés pastoral por volver a visitar sus propias congregaciones cuando surgieron problemas, como, por ejemplo, sus diversas visitas a Corinto.
  • 3 Su inquebrantable determinación por entregar él mismo en la Iglesia judeocristiana de Jerusalén el dinero recolectado en sus iglesias gentiles. Aunque los eruditos no captan de forma convincente los motivos de Pablo en este empeño, lo cierto es que abrigaba el propósito de unificar las iglesias de su misión gentil con las de los judíos cristianos de Palestina.

Por los Hechos de los Apóstoles sabemos que fue preso en Jerusalén tras los disturbios provocados por sus antagonistas judíos, y que fue conducido a Roma.

En el mismo texto se refiere también a la posibilidad de su muerte (ver He. 20,24; 20,38). Lo más probable es que fuese ejecutado en Roma en el año 62. Desde el siglo IV la tradición cristiana fija el día en el 22 de febrero.

Fuentes

El Nuevo Testamento contiene trece epístolas que llevan el nombre de Pablo como autor, siete de ellas escritas por él casi con toda certeza: 1 a los Tesalonicenses, a los Gálatas, 1 y 2 a los Corintios, a los Romanos, a los Filipenses y a Filemón. Estas cartas, en las que a veces habla de su experiencia personal y su obra, son la principal fuente de noticias concretas sobre su vida y la mayoría de los eruditos se concentran en ellas, consultando los Hechos de los Apóstoles como una fuente subsidiaria.

Teología

Cualquier intento de resumir el pensamiento de Pablo ha de afrontar varios obstáculos, y en particular el hecho de que las cartas iban dirigidas a una comunidad determinada incidiendo en sus problemas específicos con el fin de corregir sus errores. Incluso su epístola más sistemática, la que remite a los romanos, no proporciona una exposición completa de su teología, pero algunos temas y aspectos se repiten con suficiente frecuencia como para ser considerados como el núcleo más significativo de su pensamiento.

Apocalíptico

Pablo asume el esquema básico temporal de la especulación apocalíptica hebrea que postula dos edades: la Antigua, bajo el dominio de Satán y sus huestes y la Nueva, que Dios señalará en algún momento del futuro gracias a su omnipotencia. Para Pablo, la venida de Jesucristo por expresa voluntad de Dios había inaugurado ya la nueva era, aunque todavía no había borrado por completo los poderes del pecado y la muerte de la Edad Antigua. Por el contrario, creía que ambas edades se encontraban enzarzadas en un combate, como podía advertirse, por ejemplo, por el hecho de que el poder de la muerte todavía no había sido destruido.

Sin embargo, consideró seguro el resultado final de la batalla apocalíptica porque Dios había dado el golpe definitivo liberador (por paradójico que pueda parecer) en la cruz, momento en que, en apariencia, los poderes de la Edad Antigua habían conseguido un gran triunfo. Atribuyó la crucifixión a los "príncipes de este siglo", expresión con la que se refirió a las autoridades políticas implicadas y a los poderes demoniacos que operaban en y a través de ellas (1 Cor. 2,8), pero su victoria sería efímera, porque al crucificar al "Señor de la gloria" sellaron su propia destrucción (1 Cor, 2,6).

Para Pablo, una verdadera percepción de la cruz revela el extraño poder de Dios, un poder que se hace perfecto en su propia manifestación de debilidad. Dios afirmó este poder al resucitar a Jesús de entre los muertos, enviando al Espíritu Santo y al fundar la Iglesia como fundamento de la Nueva Edad venidera, y situándola en medio de la batalla escatológica con la seguridad de que pronto enviaría al Señor resucitado para lograr la victoria final del Bien.

Opinión de Pablo sobre Cristo

Pablo enumera y establece las formulaciones de los primeros cristianos, que interpretaron la muerte de Cristo desde la perspectiva del sacrificio (1 Cor. 15,3), pero la esencia de su visión de Cristo se encuentra en la afirmación de que Dios quiso que Jesucristo venciera el poder del pecado.

Rechazó por tanto la importancia que los judeocristianos otorgaban al arrepentimiento y al perdón de los pecados, y en lugar de invitar a sus discípulos a arrepentirse, ejemplificó la victoria de Dios sobre todos los pecados.

La Ley

Las consecuencias de estas doctrinas al representar de forma implícita una interpretación de la Ley mosaica son complejas. Afirmó que la Ley era santa, justa y buena, pero cuando se convirtió al cristianismo dejó de creer que fuera lo bastante poderosa como para vencer al pecado y la muerte (Rom. 8,3), por lo que no es posible someterse a ella. En realidad, aquel que lo haga se encontrará con que, en manos del pecado, la Ley puede convertirse en un poder esclavizador (Gál. 3,23—25).

Opinión de Pablo sobre los Seres Humanos

Pocos aspectos del pensamiento de Pablo han sido tan mal entendidos como los que se refieren a los términos de carne y espíritu.

Según él, se trata de esferas de poder que se hallan en conflicto y no deben ser entendidas sólo como partes constituyentes de los seres humanos, porque el reino de la carne (el reino humano) es susceptible de sucumbir ante el poder del pecado. La solución al mal no radica en un código ético que la gente pueda y deba obedecer, sino por obra del Espíritu Santo, don de Dios, que triunfa en la vida de la nueva comunidad aportando sus frutos de amor, alegría y paz.

Elección

Pablo nunca habla de su conversión del judaísmo al cristianismo, sino de haber sido "llamado" por Dios. En esencia dijo lo mismo a todos los cristianos, por lo que puede considerarse que para él el cristianismo no parte de una actitud personal sino en la propia decisión de Dios que se manifiesta a través de su hijo y al enviar su espíritu.

Es Dios quien llama a las personas para que se unan a la comunidad cristiana a través del don de la gracia. Pablo insiste en la naturaleza radical del poder de Dios afirmando que con la muerte de Cristo Dios ha rectificado al impío (Rom. 4,5). No es que Dios aliente a los pecadores a rectificar por medio de las buenas obras, sino que actúa en primer lugar, y la fe es un don de Dios más que un acto voluntario y consciente del ser humano (Gál. 5,22). La fe, igual que la vida misma, es algo que Dios hace nacer (Rom. 4,17) y no depende de la voluntad o esfuerzo de la persona, sino de la misericordia divina (ver Romanos 9:16).

Influencia de Pablo en el Cristianismo

Siempre se ha considerado que el pensamiento de Pablo quedó pronto eclipsado por otras enseñanzas teológicas y que sólo san Agustín de Hipona en el siglo V y Martín Lutero en el siglo XVI lo recuperaron hasta cierto punto. Se está revisando esta consideración en la actualidad.

A pesar de que el autor de la segunda epístola a Pedro habla de las dificultades para entender a Pablo (2 Pedro 3,16), numerosas comunidades de finales del siglo I y principios del siglo II conservaron sus cartas y con gran coraje trataron de aplicar aspectos de su pensamiento a las nuevas situaciones a las que se enfrentaron.

Estas comunidades paulinas aparecen en las epístolas dirigidas a los Colosenses, a los Efesios, 1 y 2 a Timoteo y a Tito. Sin embargo, es cierto que fueron san Agustín y Lutero los primeros en abordar una interpretación sistemática y rigurosa de la teología de Pablo. En el siglo XX la obra de los teólogos alemanes Karl Barth y Ernst Kasemann ha renovado el interés en la teología paulina.

Epístola de Pablo a los Gálatas

Epístola del Nuevo Testamento dirigida por san Pablo a las iglesias que había fundado en la provincia romana de Galacia. A pesar de las intensas investigaciones, se desconoce la ubicación exacta en Galacia de las comunidades a las que se dirigió Pablo. Por lo general, los especialistas datan la epístola a mediados del siglo I, en torno al 54 d.C.

El motivo de la epístola fue la creciente influencia sobre los Gálatas de los cristianos de origen judío que proclamaban un estricto cumplimiento de la ley mosaica y de los ritos judíos. Al hacerlo este grupo negaba la importancia de la fe en Cristo como elemento fundamental del cristianismo, desafiando así el apostolado y autoridad de Pablo.

Para contrarrestar este mensaje, que habría convertido el cristianismo en una simple secta del judaísmo, Pablo manifiesta, como tema central de la epístola, que la condición esencial para la salvación (capítulos 3 al 5) radica en la fe en Cristo, y no en los ritos de la ley. Al objeto de demostrar su derecho al apostolado y la verdad de su mensaje, Pablo sostiene que recibió ambos por revelación de Jesucristo y que su autoridad había sido aceptada por los cristianos de origen judío (capítulos 1 y 2). El epílogo (6,11-18) reitera el contenido central de la epístola. Al parecer, esta sección fue escrita de puño y letra por Pablo (6,11), a diferencia del resto de la epístola, quizá dictada.

Sobre todo por la exposición que hace Pablo de la doctrina de la fe, la epístola a los gálatas ha sido una constante fuente de inspiración para los teólogos cristianos. A menudo se la denomina Carta Magna de la libertad cristiana, porque en ella Pablo desarrolló su doctrina sobre la independencia cristiana respecto al judaísmo y sobre la eficacia total de la salvación obtenida a través de Cristo. Además, la epístola reviste un considerable valor histórico debido a la información autobiográfica contenida en los capítulos 1 y 2.

Epístolas de Pablo a los Corintios

Dos epístolas del Nuevo Testamento escritas por san Pablo a la Iglesia de la antigua ciudad griega de Corinto. Es probable que la primera fuera escrita en el 54 d.C. y la segunda en el 55 d.C.

Durante la vida de Pablo, Corinto era una de las ciudades más importantes del Imperio romano. Servía como puente comercial entre Oriente y Occidente, atrayendo a inmigrantes, mercaderes, comerciantes y viajeros de todas las regiones del Mediterráneo. Sus habitantes, provenientes de diversas culturas, mantuvieron numerosas costumbres sociales y creencias religiosas traídas de sus lugares de origen. Por otra parte, los corintios eran muy conocidos por su hedonismo y lasitud moral. Por eso, la Iglesia de Corinto se veía expuesta a una multitud de hábitos y creencias, y a una corrosiva atmósfera de inmoralidad pública, todo lo cual alentaba la relajación de las costumbres y las tendencias escisionistas en la comunidad cristiana, de mayoría gentil.

La Primera Epístola a los Corintios

Pablo escribió 1 Corintios en parte para responder a preguntas formuladas en Corinto en relación a determinadas prácticas sociales y religiosas, en parte debido a los informes que indicaban que los cristianos se dividían en facciones y toleraban la inmoralidad y también para exponer sus puntos de vista sobre la resurrección.

En los capítulos 1 al 4 Pablo aborda el problema de las facciones, diciendo a los corintios que todos los que predican el Evangelio y que creen en él son "Colaboradores de Dios" (3,9). Pasando a continuación a los problemas de indignidad y corrupción (5 y 6) amonesta con severidad a la congregación por tolerar prácticas de "una inmoralidad tal que no se da ni entre los gentiles" (5,1). A renglón seguido les insta: "Arrojad de entre vosotros al malvado" (5,13).

La parte más importante de 1 Corintios (capítulos 7 al 14) incluye las respuestas de Pablo a las preguntas formuladas por la comunidad acerca del matrimonio, del "ornato de las mujeres", de la forma cristiana de celebrar la Cena del Señor y de los dones espirituales (carismas).

Pablo consideraba al matrimonio a la luz de su creencia en el inminente advenimiento de un nuevo mundo (7,29-31). Exhorta a los cristianos a evitar cualquier compromiso que pudiera "crear obstáculo alguno al Evangelio de Cristo" (9,12). A partir de esta convicción y preocupación, Pablo prefiere y aboga por el celibato (7,7-8). Sin embargo, a quienes "no pueden contenerse" les recomienda que "mejor es casarse que abrasarse" (7,9).

Recrimina a los corintios la manera impropia de celebrar la Cena del Señor (11,17-34), recordándoles cómo el propio Cristo se comportó durante la cena que conmemora este sacramento. Por último, en relación al tema del valor relativo de los diversos dones espirituales (capítulos 12 al 24), Pablo exalta el amor o la caridad (capítulo 13). El capítulo 15 está dedicado por entero a la resurrección.

La primera epístola a los corintios contiene numerosos pasajes dignos de mención. Las creencias de Pablo sobre la crucifixión (1,18-2,2) y la resurrección (capítulo 15), han influido de modo muy profundo sobre el pensamiento cristiano. Los himnos a la caridad (capítulo 13) y a la inmortalidad (15,35-55) se cuentan entre los pasajes más poéticos del Nuevo Testamento.

La Segunda Epístola a los Corintios

La segunda epístola a los corintios presenta numerosos problemas, difíciles para los especialistas. El motivo por el que fue escrita puede deducirse tan sólo a partir del propio texto. Además, muchos estudiosos creen que se trata de un texto compuesto, ya que algunos párrafos parecen fuera de contexto o tienen un tono diferente.

Al parecer, poco después de escribir la primera epístola a los corintios, llegó a Corinto un grupo de maestros de Palestina. Sostenían ser "ministros de Cristo" (11,23), hacían hincapié en su origen israelita (11,22) y se presentaron a sí mismos como auténticos "ministros de justicia" (11,15). Pablo, quien al principio los denomina de forma sarcástica "superapóstoles" (11,5) y a continuación los denuncia como "falsos apóstoles, trabajadores engañosos" (11,13), fue objeto de sus ataques (11,6-9). Para restablecer su autoridad, Pablo visitó Corinto. Sin embargo, esta visita fue al parecer breve y triste (2,1) y no resolvió la crisis. En la misma época la autoridad de Pablo fue puesta en entredicho por otro acto de desobediencia que no se especifica (2,5-11).

Entretanto Pablo despachó una airada carta —lo más probable es que fuera de la ciudad jónica de Éfeso— donde defiende de un modo encendido su apostolado y exige que la persona desobediente sea castigada. Cuando se le informa que los corintios recibieron y en general obedecieron su carta (7,5-8), Pablo escribió a los corintios otra epístola (la mayor parte de la segunda todavía se conserva) desde Macedonia. En ella expresaba su gratitud y gozo, solicitando clemencia para el desobediente castigado (2,5-11) y en general se explaya acerca de la relación adecuada entre un apóstol y su congregación (2,14-6,13; 7,2-4).

La mayoría de los especialistas cree que la carta en la que Pablo expresa su enojo — que suele denominarse "carta intermedia"— es 2 Corintios (6,14-7,1; 10-13). La importancia de 2 Corintios reside ante todo en los detalles relativos a la vida y ministerio de Pablo, y a su personalidad y carácter forjados en situaciones de tensión.

Epístolas de Pablo a Timoteo y Tito

Tres libros del Nuevo Testamento, en dos de los cuales se dirigen epístolas a Timoteo y, en el tercero, a Tito. Tanto Timoteo como Tito fueron discípulos y ayudantes de san Pablo. Por lo general, estas tres cartas se denominan epístolas Pastorales, ya que en su mayor parte están dedicadas a la organización eclesiástica, a las obligaciones del ministerio (1 Tim. 3,1-13), a la homogeneización de la doctrina (2 Tim. 1,13-14) y a los códigos de conducta cristianos (2 Tim. 2,8-15; Tit. 2,1-3,8).

Autor

Aunque la tradición de la Iglesia ha atribuido las tres epístolas a Pablo, numerosos especialistas modernos han cuestionado que Pablo sea el autor. Según estos eruditos, el estilo y el vocabulario de las así llamadas Pastorales difiere significativamente de los auténticos escritos paulinos.

Tampoco la situación histórica reflejada en las tres epístolas Pastorales coincide con ninguna situación de la vida de Pablo tal y como ha quedado registrada en Hechos de los Apóstoles y en las genuinas cartas paulinas.

En la actualidad, está generalizada la opinión que atribuye las Pastorales a un único autor anónimo de finales del siglo I, que las atribuyó seudónimamente a Pablo. Es posible que fuera un discípulo de éste, utilizando para su obra material paulino auténtico. El orden de su composición se desconoce.

Tampoco existe un acuerdo en cuanto a sus destinatarios, aunque al parecer las dos epístolas a Timoteo estaban dirigidas a las iglesias de Asia Menor, y la de Tito fue enviada a Creta. Con todo, a diferencia de las otras cartas paulinas, éstas no van dirigidas a la congregación cristiana, sino a sus líderes.

Objeto

El principal objeto de las epístolas Pastorales fue proporcionar instrucciones para la organización y administración de la iglesia cristiana, así como combatir las herejías que amenazaban destruirla mediante el desorden doctrinal y moral (1 Tim. 4,1-6,2; Tit. 1,5-16; 3,8-12). La necesidad de una organización administrativa y de una modificación doctrinal surgió, en parte, del cambio de expectativas: los cristianos del periodo apostólico creían que la Parusía, o Segunda Venida de Cristo, era inminente.

Se mostraban indiferentes y hostiles hacia las cuestiones mundanas, porque no esperaban que sus existencias en este mundo fueran a prolongarse durante mucho tiempo. Sin embargo, a finales del siglo I, los cristianos debieron darse cuenta de que, como la Parusía no se había producido, debía cambiar la manera en que su iglesia consideraba su probablemente más prolongada permanencia en este mundo.

Además, el número de cristianos había crecido, llegando a ser identificados por la sociedad y por el Estado como un movimiento religioso separado completamente de los judíos, como consecuencia de lo cual se habían incrementado la oposición pública y la persecución del estado. A la sazón se formulaban numerosas doctrinas cristianas y no se habían determinado las categorías de ortodoxia o de herejía. Por consiguiente, era necesario identificar y salvaguardar las auténticas enseñanzas de la Iglesia, en especial frente a las interpretaciones falsas y a las especulaciones de los primeros gnósticos.

Epístolas de los Tesalonicenses

Dos libros del Nuevo Testamento. La primera de las epístolas de san Pablo, 1 Tesalonicenses, fue escrita aproximadamente en el año 50 d.C. Si 2 Tesalonicenses es, en efecto, obra de Pablo, es posible que haya sido escrita a finales de dicho año. Aunque algunos especialistas han cuestionado que se atribuya 2 Tesalonicenses a Pablo, en la actualidad suele creerse que sí fue su autor. Ambas epístolas fueron redactadas en la antigua ciudad griega de Corinto, y fueron dirigidas a los recientes conversos al cristianismo residentes en la antigua ciudad macedonia de Tesalónica, o Salónica.

1 Tesalonicenses

El libro fue escrito al regresar a Corinto el ayudante misionero de Pablo, Timoteo, al parecer con un informe de que la recientemente fundada iglesia de Tesalónica se mantendría leal a pesar de la hostilidad judía y pagana. La respuesta de Pablo a las buenas nuevas es, fundamentalmente, de alegría y gratitud, y de amorosa preocupación por los nuevos conversos (cap. 1-3). La epístola incluye los recuerdos de Pablo de su misión y obras apostólicas en Tesalónica (2,17-3,10). Los capítulos 4 y 5 contienen mayormente instrucciones y directrices éticas y doctrinales. Se exhorta a los lectores a llevar una vida casta, de acuerdo con el Evangelio tal y como lo habían enseñado los apóstoles, amándose los unos a los otros, dedicándose a sus propios asuntos y evitando el ocio, trabajando "con vuestras propias manos". En estos capítulos, los últimos de 1 Tel., se hace referencia a dos temas que, al parecer, afligían a los tesalonicenses. Pablo les asegura que no tienen que preocuparse por los cristianos que mueran antes de la Parusía, o Segunda Venida de Cristo, ya que estos cristianos serán llevados al cielo cuando Cristo resucite (4,13-18). En lo que se refiere al tiempo y al momento de la Resurrección y del Día del Juicio, los lectores no tienen necesidad de recordatorios escritos, porque saben que el fin de los tiempos vendrá "como un ladrón en la noche", cuando las gentes crean que están en paz y seguridad. Así, ninguno de los hijos de las tinieblas escapará a la ira de Dios, mientras que los fieles, los hijos de la luz, obtendrán su salvación (5,1-11). La temática escatológica y las imágenes apocalípticas de la epístola, especialmente en sus dos últimos capítulos, son las características sobresalientes de 1 Tesalonicenses.

2 Tesalonicenses

Numerosos eruditos creen que fue escrita con motivo de otro informe, posterior, acerca de las condiciones en Tesalónica. Al parecer, los conversos seguían siendo perseguidos, y muchos de ellos, aparentemente por la severidad de las persecuciones, parecían haberse convencido de que el fin de los días se aproximaba. La reacción inicial de Pablo es de aliento. Dice a los tesalonicenses que los apóstoles deben dar gracias por la paciente resistencia a la persecución de los nuevos fieles. A continuación, Pablo pide a los "hermanos" que no se llamen a engaño: la llegada del "Día del Señor" no es inminente, ni será antes del advenimiento del "Hijo de perdición", suceso que, a su vez, estará precedido de una rebelión contra Dios. Por último, Pablo recomienda cómo aplicar disciplina a los miembros perezosos o desordenados. Al parecer, algunos de los integrantes de la congregación habían dejado de trabajar, "metiéndose en todo" (3,11), posiblemente porque esperaban la Parusía en cualquier momento. Pablo ordena a los tesalonicenses apartarse de la compañía de cualquier persona desordenada, negando el pan a aquellos que se nieguen a trabajar. Mediante una admonición fraternal, debe afearse la conducta de estas personas para que obedezcan (3,5-16). Los especialistas e intérpretes consideran de especial interés los pasajes apocalípticos de esta epístola, que hablan sobre el Anticristo y sus poderes (2,3-12) y del "misterio de la impiedad" (2,7).

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