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Los Grigori - Ángeles Caídos - Observadores o Vigilantes

Los Grigori del griego egrḗgoroi, que significa Observadores o Vigilantes, también conocidos como hijos de Elohim en hebreo בני האלהים, bnei ha'elohim; son un grupo de ángeles caídos de la mitología judía mencionados en algunos textos apócrifos judíos y Bíblicos y en el Libro del Génesis.

De acuerdo con los Tres Libros de Enoc, una serie de libros encontrados en la pseudoepigrafía del Antiguo Testamento. Dios le pidió a un grupo selecto de ángeles (los Grigori) que ayudaran a los Arcángeles a crear el Edén.

Aquellos ángeles que descendieron a la tierra vieron a las hijas de los hombres y se encantaron con las mismas. Debido a esto, comenzaron a revelarle al hombre algunos de los secretos del cielo; como por ejemplo el movimiento de los cuerpos celestes (astrología), el arte de hacer armas, y el mejoramiento de la cara y el cuerpo con maquillaje y perfumes (vanidad).

Algunos hasta se enamoraron y tomaron como esposas a mujeres terrenales, creando una serie de descendientes similares a gigantes. Esto enojó a Dios de tal manera que maldijo a todos aquellos que lo habían traicionado, los desterró del cielo, y los convirtió en mortales o en demonios. Dios envió un gran diluvio para limpiar el desastre dejado en la tierra por los descendientes de estos ángeles.

 

Un verso del libro del Génesis en el Antiguo Testamento alude a este evento, siendo esta la única referencia sobre el tema en la biblia:

Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llevaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad, fueron varones de renombre. (Genesis 6:1-4)

En estos textos se menciona que los Grigori fueron seres que se aparearon con las "hijas del hombre" en hebreo banot ha'ada; naciendo de esta unión una raza de semidioses conocida como los Nephilim.

Según el Libro de Enoc, los Grigori suman un número de 200 pero sólo sus líderes son mencionados:

Estos eran conocidos como los prefectos de los doscientos Ángeles, y el resto era todo con ellos. A continuación nombramos algunos de sus jefes: Samyaza, que era su líder, Urakabarameel, Akibeel, Tamiel, Ramuel, Dan'el, Azkeel, Saraknyal, Asael, Armers, Batraal, Anane,Zavebe, Samsaveel, Ertael, Turel, Yomyael y Azazyel también conocido como Azazel y quizá como Araziel.

Enoc 7:9

Algunos grupos de teólogos postulan que todos estos textos se refieren en general a estos seres como un grupo de Ángeles Castigados por Yahvé o Ángeles Caídos por haberse enamorado y copulado con las mujeres de la Tierra, y por haber enseñado a los hombres la creación de armas y el arte de la guerra principalmente, entre otros conocimientos, trayendo un desequilibrio entre los hombres.

Cabe destacar que en la religión católica desde la interpretación de san Agustín de Hipona se dejó de lado esta antigua definición como ángeles, indicándose desde entonces que la expresión hijos de Dios se refiere a los descendientes de Set; y serían llamados así por su amor de Dios.

Presencia de los Observadores o Vigilantes en los Textos Religiosos

Observadores o Vigilantes en la Biblia: en el libro de Génesis parece conservarse parte de este relato, en el que se habla de estos ángeles (según la traducción de la Septuaginta) refiriéndose a ellos como Hijos de Elohim que tomaron para sí mujeres, y engendraron gigantes llamados Nephilim. La violencia propagada por ellos habría llevado a Dios a decidir: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; por eso sus días llegarán a ser ciento veinte años" (Génesis 6:1-4).

Observadores o Vigilantes en el Libro de Enoc: (libro que forma parte del canon de la Iglesia ortodoxa etíope, pero ausente en el canon de la Septuaginta, así como considerado apócrifo y seudoepigráfico por el judaísmo y las otras iglesias cristianas), Enoc además de nombrar al número y los nombres de los principales Grigori, igualmente mencionaría este relato más detalladamente; contando además el tipo de castigo que sufrieron estos seres y sus hijos.

Al unir la historia de ambos textos se da a entender que el castigo de estos ángeles se habría realizado después de la creación del hombre, a diferencia de los mitos cristianos que relacionan estos hechos con Lucifer, personaje inexistente en el judaísmo; el cual habría sido castigado antes de la creación del mundo.

Observadores o Vigilantes en el Libro de los Jubileos: (texto apócrifo escrito en tono midrásico probablemente en el siglo II o III a.C), se menciona que estos ángeles son hijos de Elohim('Dios'). En este libro se habla que estos seres eran ángeles que habían bajado a la Tierra en busca de compañía femenina. También se les presenta como enviados de Dios para enseñar a la humanidad la verdad y la justicia, pero estos decidieron pactar y desobedecer su misión y las reglas. Este texto ofrece así una versión diferente del propósito por el cual los Vigilantes bajaron inicialmente a la Tierra, y, según algunos, complementaría la descripción de éstos seres.

Ángeles Caídos

En el cristianismo, un ángel caído es un ángel que ha sido expulsado del cielo por desobedecer o rebelarse contra los mandatos de Dios. Según ésta traición son ángeles caídos: Grigori, Lucifer, Lilith, Mefistófeles, Semyazza, Belial.

Orígenes de Alejandría, uno de los distinguidos Padres de la Iglesia Cristiana en sus comienzos. Orígenes creía que Dios había creado a todos los ángeles de una forma uniforme y con libertad. Sin embargo, al tener el poder del libre albedrío, algunos de estos ángeles comenzaron a alejarse de Dios. 

Orígenes sostenía que aquellos que se alejaban menos se mantuvieron en las regiones cercanas a Dios; mientras que aquellos que se alejaron cayeron a los aires más bajas, convirtiéndose así en lo que conocemos como Ángeles (la orden más baja en la jerarquía angelical). Aquellos que se alejaron aún más se convirtieron en humanos, y finalmente aquellos que se alejaron a una distancia aún mayor se convirtieron en los caídos de Dios, o demonios. Estos caídos son los que componen el infierno.

 

El más conocido sería Lucifer: El término traducido como "Lucifer" significa "Reluciente", "Brillante", "Portador de la luz". Pero desde que se puso en contra de Dios, se cree que se le cambió el nombre a Satanás Satán, aunque este nombre significa "oponente", "opositor", "adversario", "acusador". Existe también la denominación de Luzbel que significa "Luz Bella". Pero su nombre más común es Diablo.

Luzbel, era uno de los más gloriosos, elevados y bellos Angeles de la Corte Celestial, deslumbrado y ofuscado por el orgullo, habiéndose atribuido a sí mismo los maravillosos dones con que el Creador lo había dotado, se rebeló contra Dios, no aceptó el supremo dominio del Señor y se constituyó así en el "adversario" de su Creador levantando su gran grito de rebelión y de batalla:

"No serviré" (Jer. 2, 20). "Seré igual al Altísimo" (Is. 14, 14). Muchos Angeles le siguieron en su orgullo. Se dice que hasta un tercio de ellos (ver Ap. 12, 4) ).

Pero en ese momento otro gran Arcángel, igual en belleza y gracia que el arrogante Lucifer, se postró ante el Trono de Dios y, en un acto de adoración profunda, opuso al grito de batalla de Lucifer uno de amor y lealtad: "¿Quién como Dios?" ("Miguel").

Y es así como San Miguel Arcángel obtuvo su nombre con su grito de fidelidad, y es así como Luzbel se constituyó él mismo en Lucifer, "Satanás" "adversario", el Enemigo, el Diablo.

El Libro del Génesis lo muestra como la serpiente que engaña a los humanos incitándolos a que no sigan los preceptos establecidos por el Creador, para poder así llegar a “ser como dioses”.

En el Antiguo Testamento, Satanás estaba en el ámbito terrestre, pues había perdido su condición de querubín celestial, pero podía retornar al cielo hasta la presencia de Dios. El libro de Job ilustra sobre esas visitas al cielo, y permite notar la actitud arrogante del demonio:

Y dijo el Señor a Satán: ¿De dónde vienes tú? Y respondió Satán: He dado la vuelta por la tierra... (Job 1:7; 2:2)

Posteriormente, el profeta Zacarías muestra que el demonio está en abierta oposición:

el sumo sacerdote Yosuá estaba en pie ante el ángel del Señor, y estaba Satanás a su derecha para oponérsele (Zac 3:1)

Mientras era vencido, Satanás - la antigua serpiente, perdía ese privilegio de llegar hasta la presencia de Dios para oponerse y acusar a los humanos.

Finalmente en el Apocalipsis se relata que para confinarlo definitivamentee en la tierra era indispensable el sacrificio de Jesús. Así en el capítulo 12, versículos 11 y 8 dice:

Lo determinante fue...la sangre del Cordero. Con su sacrificio en la cruz y su ascenso, cuando fue “arrebatado para Dios y su trono” (Ap 12:5), Cristo hizo que el diablo y sus ángeles perdieran toda posibilidad de “llegar al cielo hasta la presencia del Señor”.

En el Capítulo 12 -versículos 9 y 11- el libro Apocalipsis indica que a causa “del sacrificio de Cristo y la fidelidad de sus seguidores”, se logró que el diablo y los demás ángeles rebeldes fueran confinados a Tierra definitivamente, esta vez sin posibilidad de retorno: el versículo 8 dice ...no quedó ya lugar en el cielo para ellos. El Arcángel Miguel es el encargado de expulsar del cielo a Satanás y la parte de ángeles rebeldes que arrastró consigo (Ap. 12:4), por lo cual se lo reconoce como Ángel caído.

Los católicos en su catecismo, en el numeral 391 consideran que "El Diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a si mismos malos", y en el numeral 392 del mismo catecismo que "esta caída consiste en la elección libre de estos espíritus que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y a su Reino". Es decir que para los católicos, Lucifer se condenó a sí mismo eligiendo voluntariamente el mal, y las decisiones de los ángeles sean buenos o malos son irrevocables según el numeral 393 del mismo catecismo.

Semyazza (arameo: שמיחזה, griego: Σεμιαζά) también Semihazah, Shemyazaz, Sêmîazâz, Semjaza, Samjâzâ, Shemihaza, Shemhazai) es un ángel caído, jefe de los doscientos ángeles caídos según el "seudoepigrafico" Libro de Enoc 6:3 y pertenecientes a los Grigori, los Ángeles "Vigilantes".

Se dice que está colgado entre la Tierra y el Cielo, y forma la constelación de Orión.

En el Libro de Enoc o "1 Enoc" (s. III-I a.D.C.) se le presenta como el líder de un grupo de ángeles llamados "Grigori" (en griego: egrḗgoroi, en arameo עִיר ‛irín, los que "abren los ojos", "despiertan", "observan", "vigilan" ) que por su deseo y pasión por mujeres humanas se convirtieron en los ángeles caídos.

Semyaza, su jefe, les dijo:

"Temo que no queráis que tal acción llegue a ejecutarse y sea yo sólo quien pague por tamaño pecado". Le respondieron todos: "Juremos y comprometámonos bajo anatema entre nosotros a no cambiar esta decisión y a ejecutarla ciertamente".Entonces, juraron todos de consuno y se comprometieron a ello bajo anatema. Eran doscientos los que bajaron a Ardis, que es la cima del monte Hermón, al que llamaron así porque en él juraron y se comprometieron bajo anatema. (Libro de Enoc, 6: 3-6).

Una lista completa de los líderes del grupo se pueden encontrar en el Libro de Enoc 6:7. Según el libro de Enoc Semyazza convenció a otros Grigori a unirse a él para fornicar con las mujeres.

Como resultado, él y los otros Grigori pecadores engendraron gigantes "de tres mil codos de talla cada uno" (Enoc 7:2), llamados en el Génesis Nephilim palabra que significa "los caídos", o "los que hacen caer" (del hebreo נָפַל "nafál": caer, derribar), que dominaron y se comieron, tanto a bestias como a humanos (Enoc 7:3-5).

Otro pecado de los Vigilantes fue enseñar a varios humanos artes creativas y ciencias ocultas - sobre todo Azazel, que les enseñó los secretos de la guerra, lo cual llenó la tierra de violencia y causó la ira de Dios (Enoc 8:1).

Dios mandó al ángel Gabriel a causa de los Gigantes para hacer la guerra con ellos:

Y a Gabriel dijo el Señor:

Ve a ellos, a esos bastardos, réprobos y nacidos de fornicación, y aniquila de entre los hombres a éstos y a los hijos de los vigilantes. Sácalos, azúzalos unos contra otros, que ellos mismos se destruyan luchando, pues no han de ser largos sus días. Y todos te rogarán por sus hijos, mas nada se concederá a sus padres, pues esperaron vivir casi eternamente; que habría de vivir cada uno de ellos quinientos años. (Libro de Enoc, 10:9, 10).

Ahora, los gigantes nacidos de los espíritus y de la carne serán llamados malos espíritus en la tierra y sobre ella tendrán su morada. Malos espíritus han salido de su carne, porque de arriba fueron creados y de santos vigilantes fue su principio y su primer fundamento. Mal espíritu serán sobre la tierra, y malos espíritus serán llamados.

Los espíritus de los cielos en el cielo tendrán su morada, y los espíritus de la tierra, que han nacido sobre la tierra, en ella tendrán su morada. Los espíritus de los gigantes, los nefilim, oprimen, corrompen, atacan, pelean, destrozan la tierra y traen pesar; nada de lo que comen les basta, ni cuando tienen sed quedan ahítos. Y se alzan esos espíritus contra los hijos de los hombres y sobre las mujeres, pues de ellos salieron (Libro de Enoc, 15:8-12).

Y a Miguel dijo el Señor:

"Ve, informa a Semyaza y a los otros que están con él, los que se unieron a las mujeres para corromperse con ellas en todas sus torpezas. Y cuando todos sus hijos hayan sido aniquilados y hayan visto la perdición de sus predilectos, átalos por setenta generaciones bajo los collados de la tierra hasta el día de su juicio definitivo, hasta que se cumpla el juicio eterno. En ese día serán enviados al abismo del fuego, al tormento, y serán encadenados en prisión eternamente. Entonces, desde ese momento, arderá él y se deshará juntamente con ellos, y quedarán atados hasta la consumación de las generaciones. (Libro de Enoc, 10:11-16).

Después de la destrucción de los Gigantes, Dios causó el Diluvio Universal para destruir a los humanos que se habían corrompido. A excepción de Noé, su familia y las siete individuos de cada especie de animales y aves «kosher» (ritualmente "apropiados" en la ley hebrea) y un par de cada especie de animales y aves «no-kosher» es decir "no apropiados" en la ley ritual hebrea).

La conclusión de esta batalla entre los Angeles Buenos y los ángeles malos se encuentra en el Apocalipsis (12, 7-10):

"En ese momento empezó una batalla en el Cielo: Miguel y sus Angeles combatieron contra el Monstruo. El Monstruo se defendía apoyado por sus ángeles, pero no pudieron resistir, y ya no hubo lugar para ellos en el Cielo. Echaron, pues, al enorme Monstruo, a la Serpiente antigua, al Diablo o Satanás, como lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él".

Dice San Pedro:

"Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los encerró en cavernas tenebrosas, arrojándolos al Infierno" (2a. Pe. 2, 4).

"No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los seres humanos después de la muerte" (San Juan Damasceno).

Y el Catecismo nos dice que no fue por un defecto de la Misericordia Divina que el pecado de los ángeles caídos no fuera perdonado, sino debido al carácter irrevocable de su elección. (cfr. CIC 392 y 393).

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